Yoga es confiar y entregarnos


La semana pasada el mantra fue “me detengo, dejo de hacer, estoy en calma": es la intención central cuando nos acercamos al sendero del yoga. Pero después de la decisión de parar, ahí es cuando precisamos confianza y entrega. 



Una vez más la reflexión de esta semana surge de las palabras de una practicante, quien al salir de la relajación final dice: “porque no lo hacemos a solas en casa todo los días: lo bien que estaríamos!” Su afirmación me recordó todas la veces que me autocritiqué por no practicar más en mi día a día: como cuando volvía de viaje, por ejemplo, y la queja con mi maestro era que no había practicado lo que en ese momento mi ego consideraba “lo suficiente”. 



Ahora comprendo la importancia de la confianza y del respeto que le debemos a nuestros propios tiempos. Y que en el grupo donde elegimos practicar está una fortaleza de la cual no tenemos porque prescindir. 



Lo que la práctica nos propone es de sabernos esperar, de confiar y entregarnos. Si estoy comenzando a practicar, debo saberme esperar a lo largo del camino. Si no me sé esperar yo, no habrá nadie que me espere y nadie a quien yo sepa esperar. Si no confío en mi, no habrá nadie que confíe en mi y nadie en quien yo sepa confiar. Además, encaminarnos en la practica requiere entrega al abrazo del grupo. 



Practicamos y no nos hacemos preguntas y no esperamos nada a cambio: eso es yoga. 

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