¿Qué es el tiempo? y ¿quién lo marca? ¿Somos realmente observadores de velocidades que no podemos modificar? ¿o hay caminos que no nos animamos todavía a recorrer?
En estos días – mientras
reflexionaba sobre la dialéctica permanente entre prisa y necesidad de
lentitud que nos atraviesa – recordé momentos de mis recientes vacaciones en Santa Catalina, un municipio a casi cuatro mil metros en la
Puna jujeña. Paramos ahí tres días: y fue un tiempo eterno. La vida
amanecía tarde: por el frío y porqué las horas de luz eran suficientes
por lo que había para hacer. La casa, los animales, el campo, la comida…
Luego una vuelta por la calle central, entre niños, perros y llamas.
Ese día registré en mi libreta viaje: <<son guardianes del tiempo
los habitantes de estos lahares. Se levantan con el sol y luego de
tarde lo abrigan al acostarlo. Se transmiten las tradiciones y las
técnicas de los cultivos, de generación en generación. Celebran la
Pachamana en agosto y la llegada del niño Jesús en diciembre. Todo se
hace en tiempo y con tiempo. Si fuera por nuestros ritmos y la falta de
respeto hacia la reproducción de la vida, la tierra misma dejaría de
girar. Hijos de estas alturas rocosas, estos pobladores son los que
sostienen por todos nosotros los ritmos naturales de la vida>>.
Y así es: si fuera por nuestra manera de vivir el mundo explotaría; y
no nos damos cuenta del rol tan importante que podríamos tener en
imprimirle un rumbo distinto a la vida y al amor.
¿Cuantas veces en nuestro día a día nos escuchamos decir “no tengo tiempo”? y ¿Qué nos plantea eso?
Yo creo que nos plantea la necesidad de centrarnos e identificar
nuestras reales necesidades. Nos desafía a mirarnos de frente, a vernos y
aceptarnos como somos, dejando de buscar lo que no nos hace bien o de
ser como los otros se esperan. Tener tiempo es una elección que nos pide
ser elegida. No acontece por si sola, no viene de la nada: muchas veces
es fruto de una decisión. Si no tenemos conciencia de eso, nunca
comenzaremos a crear las condiciones para el cambio que estamos
deseando.
En la relación con el tiempo, el yoga es maestro. Nos
invita a elegir nuevas prácticas y nuevas maneras de compartir. Nos
desafía a tener tiempo y a estar presentes y disponibles para la vida.
Tener tiempo es una decisión de amor y de libertad.
¡OM Shanti Paz!

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