¿Te ha pasado alguna vez de comenzar la práctica en un estado de hostilidad? Algún hecho sucedido en el día que te ha perturbado, algún rostro que no deja de aparecer, alguna emoción que no calla. Y cuando comienzas la práctica sigues un tiempo –más o menos largo- enganchado/a con el mecanismo que te ha alterado. Avanzas con las posturas y comienza a aparecerte un espacio entre tu ser más profundo y aquella realidad externa. Comienza a ver a aquello que te perturba como desde una cámara lenta, y de a poco va cambiando tu estado.
Cuando contactamos con la armonía y el placer de las posturas que estamos realizando, sostenidos por la energía del grupo, la práctica nos está ofreciendo la oportunidad de cultivar las semillas del amor, pese al resto de las cosas que nos afectan en la vida. Entonces es cuando comenzamos a dejarnos impregnar por la compasión y por fin podemos contactar con el desapego. En principio nos desapegamos de ese pequeño sucedido o rostro o emoción que nos ha perturbado. Pero en realidad estamos cultivando la posibilidad que nuestro ser tiene de ser libre y unido: con su esencia más profunda, con el bienestar, con el amor del otro, con el sentido más profundo de la vida.
Hoy te invito a prestar atención a cómo cambia tu estado a medida que avanzas en la práctica.
Te espero, para practicar juntos y juntas.
¡OM Shanti, Paz!

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